L as Asanas son descritas como el tercer escalón del Ashtanga Yoga de Patanjali. Por sus efectos, utilizan con gran eficiencia todos nuestros recursos físicos y mentales, contribuyendo al bienestar de la persona, a niveles no solo físicos sino también, y mucho, mentales. Otorgan salud, puesto que trabajan nuestro cuerpo desde su nivel más físico, incluyendo musculatura, articulaciones, estructuras, etc, hasta un nivel más sutil del que apenas somos conscientes, como nuestros órganos y su adecuado funcionamiento, el correcto fluido de la sangre o la linfa, y la oxigenación general del organismo.

Pero, además de lo físico, ¿Porqué el yoga relaja a la persona? Yoga es una ciencia milenaria que desde los inicios ha tenido en cuenta al hombre como un componente físico y espiritual, por lo que cada postura o asana, además de ejercitar lo físico, tienen una influencia energética en la persona, de manera que al realizar las asanas, se libera la energía contenida y engrosada, bloqueada como causa de las emociones, pensamientos y situaciones de la vida cotidiana, que nos llevan a sentirnos «agarrotados» a un nivel sutil, energético, que se traslada a lo físico, por ejemplo, en forma de contractura. Cuando una asana es realizada teniendo en cuenta ciertos factores necesarios, la energía comienza a fluir de nuevo adecuadamente, trasladándose en sensaciones de bienestar físico y mental. Por eso la persona que se ejercita en la práctica del yoga, y en este caso de las asanas, no sólo ve mejorado su físico, sino que siente mayor vitalidad y bienestar, producto del desbloqueo energético que tiene lugar.

El cuerpo gana en salud, definiendo ésta como el equilibrio entre los elementos del cuerpo y todos los sistemas anatómicos y fisiológicos, haciendo que se desarrollen en todo su potencial. Además se añade el trabajo y desarrollo de la mente y la calma emocional, lo que hace que se desarrolle progresivamente el componente espiritual, objetivo principal del yoga.

El principal trabajo con nuestro cuerpo es otorgarle salud, pues cuando el cuerpo está privado de ella, la prioridad de la persona es volver a su estado de salud; por poner un ejemplo, un simple catarro trastoca en algún nivel nuestro devenir diario, haciendo por ejemplo que «las ganas» o la vitalidad se reduzcan. Es por ello que la práctica de las asanas está dirigida al mantenimiento de la salud física, y de esta manera, la persona puede ocuparse de otros asuntos en su vida cotidiana.

Pero para que la práctica de asanas sea una práctica yóguica, y no un mero ejercicio físico, tiene que integrar, al menos, tres componentes: lo físico, lo orgánico, y lo sutil.

 

 

FÍSICO

 

La parte física hace referencia a construir la postura  o asana de una manera adecuada en cuanto a la estructura del cuerpo, aquí es donde entran los conocidos alineamientos del cuerpo. Colocar el cuerpo de una determinada manera a la hora de realizar la asana para mejorar y no dañar su estructura ( por ejemplo las articulaciones). A través de la ejecución de asanas podemos modificar la estructura de nuestro cuerpo, mejorar la flexibilidad de los músculos y la elasticidad de las articulaciones, pero para ello es importante que respetemos la estructura propia de articulaciones y cadenas musculares, de lo contrario, podría incluso ser perjudicial causando ciertas lesiones en las mismas.

Es importante el equilibrio entre firmeza y comodidad, ejercitando en cada postura fuerza para sostenerla adecuadamente, al tiempo que comodidad en cuanto a no tensar el cuerpo innecesaria y excesivamente. Este equilibrio llega con el tiempo, cuando la persona va desarrollando la capacidad para percibir su cuerpo, también llamada propiocepción.

Resumiendo, en el inicio de una asana colocaremos el cuerpo adecuadamente alineándolo en función de su propia estructura sosteniéndolo con firmeza y comodidad.

 

ORGÁNICO

 

Las asanas o posturas de yoga tienen una influencia directa a nivel orgánico, hormonal, nervioso y energético. Cuando se realiza una asana, se coloca el cuerpo de una determinada manera que hace que nuestros órganos internos adopten una posición, se compriman por ejemplo, en una postura de flexión y expulsen la sangre de los mismos, permitiendo mejorar su circulación y renovación sanguínea. Cuando se realiza un postura invertida, se invierte a la vez el flujo sanguíneo, facilitando la oxigenación por ejemplo, del cerebro y las extremidades.

Hay ocasiones en que nuestros órganos están inflamados por la falta de ejercicio físico. Esto ocurre porque la falta de movilidad del cuerpo estanca la sangre en determinadas zonas como los órganos, que apenas tienen movimiento si se tiene una vida sedentaria. La sangre no fluye adecuadamente en ellos y la renovación sanguínea se dificulta en su interior. Expulsar y tomar sangre oxigenada es vital para mantener una salud adecuada a nivel orgánico, por ello es necesario ejercitar el cuerpo. Un ejemplo cotidiano es el estreñimiento, causado en muchas ocasiones por la falta de movimiento del abdomen ante una vida sedentaria, que repercute en el movimiento intestinal.

Por todo ello y para esta influencia orgánica es necesario mantener la postura sostenida durante un tiempo, por ejemplo, de treinta segundos (variable en función de la asana y la capacidad del practicante). Dar el tiempo necesario a cada asana para que haga su efecto es fundamental.

 

SUTIL

 

De sobra son sabidos los efectos calmantes o relajantes del yoga en la persona pero quizá más desconocidas son sus causas. La práctica de yoga y en este caso de las asanas, tiene un componente sutil que se activa cuando se realizan adecuadamente y con intención.

Una vez realizados los componentes anteriores – estructural y orgánico – y manteniendo la postura un tiempo adecuado, la energía comienza a fluir, influyendo directamente en el sistema nervioso y activando el sistema nervioso neurovegetativo en su rama parasimpática. Nuestro sistema nervioso parasimpático es responsable de la regeneración celular, segregando las hormonas adecuadas para el bienestar y la calma de la persona y de llevarnos a un estado interno de calma y bienestar profundos, donde nuestra mente se ancla en el presente y las emociones dejan paso a la paz interior. Es entonces, cuando además del bienestar y la paz, la persona puede percibir ese algo que va más allá de lo que percibe en su vida cotidiana, el componente espiritual. Se percibe así misma más allá de su cuerpo, sus pensamientos o sus estados de ánimo. Para que esto suceda, es necesario mantener en el tiempo la asana y abandonarse en ella, de eso trata el componente sutil, dejar de hacer para simplemente ser, los dos anteriores puntos requieren de la intervención de la persona, pero este último, implica que la persona, manteniendo los anteriores, se abandone internamente dentro de la postura y simplemente esté presente, percibiéndose a sí misma.

Este es el objetivo final del yoga en último término, que se alcanza además de con la práctica de asanas, con todas las demás técnicas que yoga nos ofrece.

 

 

«La acción disciplinada, el estudio del yo y la entrega al Ser conforman la práctica del Yoga»

Yogasutras de Patanjali.

 

 

Om Shanti.